Emociones y confianza
Espejo de emociones
Edad sugerida: 4 a 9 años
Elige las cejas, los ojos y la boca, y arma la cara de cada emoción.
Elige la dificultad
Para madres, padres y cuidadores
Cómo ayuda el Espejo de emociones al desarrollo de tu hijo
Antes de poder decir «estoy triste» o «tengo miedo», un niño necesita reconocer cómo se ven esas emociones. Este juego convierte ese aprendizaje en un rompecabezas de caras. Aquí te contamos cómo se juega, qué trabaja y cómo seguir en casa.
Cómo se juega
Tu hijo ve el nombre de una emoción y, en los niveles fácil y medio, una cara de muestra. Elige unas cejas, unos ojos y una boca para armar esa misma cara y toca «¡Listo!». Si alguna parte no coincide, el juego le dice cuál mirar otra vez, sin penalización. En el nivel difícil no hay muestra: lee lo que le pasó a un personaje y decide qué cara corresponde.
Qué está aprendiendo
Reconocer emociones en un rostro es la base de la empatía y de la autorregulación: no se puede manejar lo que no se sabe nombrar. Al armar la cara pieza por pieza, tu hijo descubre qué cambia exactamente (las cejas, los ojos, la boca) y amplía su vocabulario emocional más allá de «bien» y «mal».
Ideas para seguir en casa
- Jueguen al espejo de verdad: uno hace una cara y el otro adivina la emoción.
- Al leer un cuento, pregunta: ¿cómo crees que se siente este personaje?, ¿cómo lo sabes?
- Nombra tus propias emociones en voz alta: «estoy cansada», «eso me dio alegría».
- Cuando esté alterado, ayúdalo a ponerle nombre a lo que siente antes de buscar una solución.
Un consejo de Mora: jueguen juntos un rato corto, de 5 a 10 minutos, y conversen al terminar. La pantalla funciona mejor como punto de partida para hablar en familia que como una actividad en solitario: el aprendizaje real ocurre en la conversación, que es el corazón del método Mora.